NOS HACE FALTA, CULTURA DE SEGURIDAD
A la seguridad ciudadana está vinculada la Administración Pública, a través de sus importantes entidades; más aún dos de ellas; a nivel interno la noble institución policial, y en lo externo, como guardianes de la integridad territorial, la soberanía nacional y la paz de la población, el glorioso Ejército Ecuatoriano.
Analizando el delicado tema de la “cultura de seguridad”, primero tenemos que mencionar una verdad que causa pesar y hasta malestar, como es aquella de la “sociedad despreocupada” ante los riesgos, peligros y amenazas contra la paz, la salud, la integridad y la vida misma del hombre y hasta de grupos de hombres, mujeres y niños. Sabemos bien que sólo cuando ocurren los incidentes o accidentes, el colectivo se preocupa, quizá no para ayudar en la búsqueda de soluciones, sino simplemente para encontrar culpables de tal o cual suceso que conmueve a la sociedad; y no faltan los ataques quizá con razón, pero también muchas veces injustos e infundados.
Es evidente, no sólo en nuestro país sino en otras naciones del mundo, que adolecemos, en gran porcentaje del colectivo, de una vergonzante incultura sobre seguridad, medidas de prevención y acciones que como simples ciudadanos podemos tomar, para ir disminuyendo los focos y las fuentes de riesgo y peligro que amenazan constantemente a la seguridad colectiva. Ante esa realidad inobjetable, creemos necesario que se debe inculcar al ciudadano común y corriente, sobre la responsabilidad que tenemos con nuestra propia tranquilidad; de nuestras familias y solidariamente con toda la sociedad.
Claro que es muy difícil lograr estos sanos propósitos con la comunicación individualizada; por eso, vemos con buenos ojos la preocupación de autoridades, directivos barriales y policiales, por impulsar ciclos de conferencias, talleres, cursos en los barrios, en las organizaciones sociales, educativas, culturales, deportivas etc. que de un tiempo a esta parte van tomando auge, y los resultados, sin duda alguna, serán de mucho beneficio para la colectividad. A esas buenas intenciones se sumarán estrategias y sistemas de control preciso y permanente que nos ofrece la moderna tecnología.
Procuremos esclarecer que la seguridad total no es un asunto que puede lograrse de la noche a la mañana, ni que depende tan sólo del Estado, del Gobierno y de las entidades: policial y militar; debemos hacer conciencia que todos somos parte y tenemos con ella, un deber moral, patriótico y hasta legal, si consideramos por ejemplo, que podemos convertirnos en cómplices si cubrimos con nuestro silencio hechos o acciones cometidos fuera de la Ley.
Procuremos esclarecer que la seguridad total no es un asunto que puede lograrse de la noche a la mañana, ni que depende tan sólo del Estado, del Gobierno y de las entidades: policial y militar; debemos hacer conciencia que todos somos parte y tenemos con ella, un deber moral, patriótico y hasta legal, si consideramos por ejemplo, que podemos convertirnos en cómplices si cubrimos con nuestro silencio hechos o acciones cometidos fuera de la Ley.
Se hace indispensable que la cultura de seguridad, se vaya despertando e inculcando con técnicas especiales y apropiadas en los niños, de acuerdo a sus edades en los planteles primarios; y a la juventud en los colegios y otros centros, identificando los peligros a los que están propensos y las normas que se deben tomar para evitar ingerencias dañinas y las estrategias que deben adoptarse para hacer denuncias oportunas, pero sin complicaciones posteriores. Sólo entonces iremos logrando el mejoramiento de la seguridad pública.
